La Gatera de la Villa 56

Revista La Gatera de la Villa 56

La Gatera de la Villa 56 acaba de publicarse.

Este número 56 de La Gatera de la Villa viene cargado de historias de piedra, papel y memoria. De piedras sagradas, como las que guarda la iglesia de San Pedro Ad Víncula, en Vallecas, cuya puerta —y su profundo simbolismo arquitectónico— nos descubre Julio Real con su habitual rigor y sensibilidad. De papel, como el de los cromos, pipas y caramelos que despachaba, con sonrisa eterna, Pirulo, figura inolvidable del Retiro, que vuelve a vivir entre nuestras páginas gracias a la pluma de José Ignacio Salvador Morán. Y de memoria, como la que habita en la figura del obispo Antonio de Luján —¿o se trata de Alonso de Castilla?—, un bulto orante que ha recorrido siglos y capillas, rescatado en esta ocasión por José Manuel Castellanos Oñate.

Leer más

La Caramba, la musa irreverente que hizo vibrar el Madrid del XVIII

La Caramba. Recreación efectuada con IA

Fue la mujer más admirada —y también más criticada— de los teatros madrileños del siglo XVIII. Cantante y bailarina, musa de sainetes y tonadillas, La Caramba fue mucho más que una artista: fue un fenómeno social que cruzó la escena para instalarse en la vida y la moda de la Villa y Corte.

Leer más

¿Conoces a ‘La Rubia’ del Palacio de Cibeles?

La Rubia del Palacio de Cibeles

Suele pasar desapercibida para el viandante que transita por la plaza de Cibeles. Sin embargo, si uno levanta la vista hacia la fachada del antiguo Palacio de Correos y Telégrafos —hoy sede del Ayuntamiento de Madrid—, descubrirá una pequeña joya del modernismo madrileño: una escultura que corona la entrada principal del edificio y que encierra historia, simbolismo y una belleza silenciosa.

Leer más

La Tía Javiera, las rosquillas que conquistaron Madrid

La Tía Javiera y sus famosas rosquillas de San Isidro

Pocos nombres están tan ligados a la gastronomía madrileña como las rosquillas de la Tía Javiera.

«Yo soy caballeros, la propia Javiera
que allá en Villarejo no tiene rival
haciendo rosquillas en una caldera
que luego producen un buen capital.

Con grandes montones de pan machacado,
canela y azúcar, aceite y limón,
ceniza y arena, serrín tamizado,
castañas pilongas, potasa y cartón,

fabrico rosquillas que al más relamido
le saben á gloria, que es mucho saber,
y al cabo de un rato de haberlas comido
le causan disturbios por dentro del sér».

«La tía Javiera. Monólogo.» Extracto. Blanco y Negro, 12 de mayo de 1894.

Leer más