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Nano, petite-fille du peintre, à 11 ans (1953).

Anne Barcat, madrileña de corazón

El pasado viernes, 4 de noviembre, estuvimos invitados a la fiesta que Anne Barcat celebró para festejar sus cincuenta años de vida madrileña. Para quien no la conozca, Anne es una de las primeras damas de la historiografía madrileña -como algún compañero bloguero la ha definido- , un personaje popular y querido por muchos de los que nos movemos por la Madroñosfera, esa colección de bitácoras, páginas de Facebook y cuentas de Twitter que hablan de Madrid. Y es que Anne, es uno de los miembros más antiguos del Foro del Viejo Madrid, uno de los primeros lugares que surgieron en la web 2.0 sobre Madrid y del que nacerían otros proyectos, como la desaparecida asociación Amigos del Foro Cultural de Madrid, de la que Anne fue socia. También ha publicado diversos artículos en revistas como la también extinta “La Ilustración de Madrid” o “La Gatera de la Villa”, además de en diversos blogs. Ella misma es autora de tres blogs:

Nano, petite-fille du peintre, à 11 ans (1953).
“Me acuerdo bien de las sesiones de pose para este retrato que, tal vez, sea el único que mi abuelo haya hecho de mí.”
Nano, petite-fille du peintre, à 11 ans. Jacques Barcat (1953)

Jacques Barcat (1877-1955), dedicado a su abuelo paterno, el pintor parisino naturalista Jacques Barcat.

Paisajes urbanos matritenses, de temática madrileña.

El Rastro, dedicado a este popular mercado madrileño en el que Anne llegó incluso a tener puesto propio. Cuando en 2004 el Ayuntamiento anunció su intención de que el Rastro fuera trasladado a Mercamadrid para hacer de él un centro más turístico, Anne participó en las movilizaciones de las asociaciones de vendedores que se opusieron a la medida y que consiguieron finalmente que la propuesta fuera retirada.

Su carácter reivindicativo y su amor por Madrid, su ciudad de adopción, también le han hecho partícipe, entre otras cuestiones, de las denuncias que sobre el deterioro de la muralla árabe se han hecho ante el Ayuntamiento y figura además como una de las firmantes de la carta que en 2009 se envió al director general de Patrimonio del Ejecutivo regional solicitando la exposición al público de los restos de la muralla cristiana del siglo XII y de la fuente de los Caños del Peral encontrados durante las obras de ampliación en la Línea 2 de metro de Ópera.

Y para cerrar esta breve reseña biógrafica, apuntamos que Anne ha traducido y publicado de su bolsillo -ante la indiferencia y apatía de los diversos organismos oficiales españoles a los que se dirigió para su edición- “Francia Militar: Guerra de España 1808-1814”, las memorias de Abel Hugo, hermano mayor del genial Victor Hugo, donde se narran las operaciones desarrolladas en España por los ejércitos napoleónicos durante la llamada Guerra de la Independencia.

Francia Militar: Guerra de España 1808-1814
“Francia Militar: Guerra de España 1808-1814. Recopilación revisada y publicada en 1838. Abel Hugo”. Traducción: Anne Barcat.
Fotografía: Pablo Aguilera

La celebración del quincuagésimo aniversario

Y he aquí algunas fotografías del evento del viernes, al que asistió una nutrida concurrencia a pesar de que el tiempo no invitaba a ello, pues una fuerte lluvia estaba cayendo a esas horas sobre Madrid, trayendo el habitual colapso de la circulación:

José Ignacio Pozuelo, Emilio Guerra, José Manuel Castellanos, Julio Real, Luis Márquez y su mujer Isabel.
José Ignacio Pozuelo, Emilio Guerra, José Manuel Castellanos, Julio Real, Luis Márquez y su mujer Isabel

 

Concha D'Olhaberriague, María Aguilera, Pablo Aguilera, Angelines Fernández, Mario Sánchez, Anne Barcat, José Manuel Castellanos y Juan Pedro Esteve.
Concha D’Olhaberriague, María Aguilera, Pablo Aguilera, Angelines Fernández, Mario Sánchez, Anne Barcat, José Manuel Castellanos y Juan Pedro Esteve.

 El poder de atracción de Madrid y de sus calles

Y ahora sí para despedir estas líneas cedemos la palabra a la homenajeada, quien publicaba en el Foro del Viejo Madrid el 18 de febrero 2007:

«Cuando vuelvo a Francia, mi tierra natal, me emociono unos días y tengo una actividad desbordante como si volviese a vivir allí mis veinte años, con todos los inconvenientes del clima y de las inquietudes de la gente. Sin embargo, después de pasar 50 años de mi vida en Madrid por impulso propio, me siento extraña en el mundo que me vio nacer y, allí, todo me parece preocupante y triste. Los franceses viven en la angustia del porvenir, de la salud, del dinero y siempre con prisas para encerrarse en su casa a la hora de la cena para no volver a salir de ella hasta la madrugada. En muchas provincias, apenas llegado el verano, vuelven las lluvias y el frío para casi un año. Entras en un restaurante y te acoge el silencio de una iglesia. Ciudades preciosas sin alma viva. A los cuatro días de estar allí, caigo en un autentico “cafard” o marasmo, este estado de melancolía deprimente que ya conocí en mi juventud, aunque no en la niñez. Y no tenía ninguna razón absoluta de ver las cosas de este modo. Allí no podía vivir, no sentía alegría a pesar de salir mucho con amigos, de tener una numerosa familia simpática y la vida fácil. Me sentía como un gusano de seda en su capullo, por esto me fui. Desde Paris, Tours, Lille o cualquier otro lugar de mi tierra gala, cuando vuelvo a visitarlos, siento que Madrid me llama a gritos porque la llevo en mi corazón. Ni palacios, ni conventos, ni iglesias, ni museos añoro; es la calle madrileña el imán misterioso que ejerce poder sobre mí y, en ella, voy con paso ligero sin sentir nunca el peso de los años.

Madrid me hizo “imago” bajo el sol. Y como Nietzsche, clamé: “¡Se acabó la vacilante aflicción de mi primavera! ¡Se acabó la perversidad de los copos de nieve en junio! ¡Me hice del todo estival, enteramente tarde de verano!” (Así hablaba Zaratustra). Cambió mi personalidad y nunca volví a ser como antes. Es como si hubiese nacido aquí para ser otra. Por esto, soy madrileña.

Hasta hoy, no siento nostalgia de mi tierra natal, a veces dudo de que sea la verdadera. Nacer allí fue una equivocación del destino. Se dice que, al coger años, uno desea volver. Será que todavía no soy lo suficiente mayor, pero dudo de que me ocurra tal cosa, porque aquí he vuelto a nacer. Lo único que añoro en Madrid es mi lengua, la que toda mi vida enseñé. Hablando en mi lengua materna, soy fuerte y segura, incluso soy más agradable y tranquila. No soporto mi acento francés en español que me presenta infantil y torpe, que delata mi origen y por el que se “meten” conmigo para bien y para mal. Mi única espinita es este maldito “deje” que no logro perder. Esto, desgraciadamente, nada ni nadie lo puede cambiar. Se dice “De Madrid al cielo”. No podría jamás ser feliz en el cielo. Madrid es mi paraíso y, de él, todavía no me han echado.

Madrid, con tus callejuelas retorcidas y desniveladas.
Madrid, con tus aceras frescas a la sombra y cálidas al sol.
Madrid, con tus plazas y jardines llenos de público.
Madrid, con tus cafés y tus bares.
Madrid, con tus terrazas al aire libre, en invierno y en verano.
Madrid, con tu gente alegre, ruidosa, bulliciosa y diversa.
Madrid, con tus edificios bajos que dejan ver el cielo azul.
Madrid, con tus vientos limpios de la sierra.
Madrid, que cura mis males al sol en cuanto salgo de casa.
Madrid, que me hizo feliz por arte de magia.
Madrid, Madrid, Madrid…
Cuando estoy fuera, me muero por volver.
Y vuelvo.»

Anne

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Esta entrada tiene 2 comentarios

  1. José Maria Pérez Córodoba

    Anne muchas gracias por ser así.

  2. Anne

    Gracias a los amigos que a través del Foro del viejo Madrid he conocido, aprendí muchas cosas de la Villa y empecé a despertarme al estudio de su historia. Antes sólo disfrutaba de la vida alegre que me ofrecía.
    Un afectuoso saludo, José María.
    Estoy muy agradecida al autor de este artículo tan cariñoso y es un gran amigo..

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