El Real Alcázar de Madrid

El Real Alcázar de Madrid (S. IX-XVIII)

Enclavado en un promontorio junto al río Manzanares, la primera piedra del desaparecido Real Alcázar de Madrid se puso de la mano del emir cordobés Muhammad I, allá por el siglo IX. La finalidad con la que se construyó fue la de proteger Toledo desde los pasos de la Sierra de Guadarrama. No tardó en crecer a su alrededor una medina de callejones y plazuelas, que se bautizó con el nombre de Mayrit, el cual significaba “Tierra rica en agua”.

Pintura del siglo XVII del Real Alcázar de Madrid. Fuente: wikipedia.es
Pintura del siglo XVII del Real Alcázar de Madrid. Fuente: wikipedia.es

La ciudad y su alcázar sufrieron varios ataques de los reyes cristianos durante la Reconquista y cuando Toledo se rindió sin sangre a Alfonso VI Mayrit pasó a manos cristianas. Los Trastámara convirtieron el castillo en su residencia temporal en varias ocasiones, ampliando y mejorando su recinto levantando torres y techumbres; el monarca que más se significó en ese sentido fue Enrique III, que lo dotó de profusas y ricas decoraciones. Durante la Guerra de las Comunidades de Castilla el alcázar sufrió importantes daños. Finalizada esta contienda Carlos I emprendió una reforma que duró quince años y en la que se renovaron todas las estancias antiguas y desordenadas, otorgándole más amplitud y claridad; alrededor del conocido como Patio del Rey -que ya existía en el primitivo trazado musulmán- se añadió otra ala, que dobló el palacio, con un nuevo patio central rodeado de las estancias de la reina. Con la instalación de la Corte en Madrid con Felipe II a partir de 1561 se prosiguieron las obras de mejora y las ampliaciones. La vieja fortaleza musulmana, con su remozo nuevo, sus patios y sus mármoles, se convirtió en un hermoso palacio renacentista. Su hijo Felipe III encargó a su arquitecto remodelar la fachada meridional para darle un aspecto homogéneo, ya que sus elementos medievales no iban en consonancia con la Torre Dorada y los torreones musulmanes del siglo IX; estas obras continuaron durante el reinado de su hijo Felipe IV y no se terminarían hasta el reinado de su nieto, Carlos II.

Detalle de Madrid en 1561. Vista del Real Alcázar de los Austrias, por Pierre Schild 1960. Fuente: www.elatleta.com
Detalle de Madrid en 1561. Vista del Real Alcázar de los Austrias, por Pierre Schild 1960. Fuente: www.elatleta.com

Era además el Alcázar como un magnífico museo, pues en sus salones y galerías, repletos de tesoros, podían contemplarse obras de pintores como Tintoreto, Ribera, El Bosco, Van Dyck, El Greco, Da Vinci, Velázquez o Rubens.

Es importante reseñar que además de alojar al rey a su familia el alcázar servía de residencia a cortesanos y un gran número de sirvientes reales.

Vista del primer patio del Alcázar
Vista del primer patio del Alcázar entre 1665 y 1668, por Luis Meunier. Fuente: Biblioteca Nacional de España

En 1700 la dinastía de lo Austrias dio paso en España a la de los Borbones. Ni al primer monarca de esta familia Felipe V ni a su esposa María Luisa de Saboya les agradó el Real Alcázar y mandaron engalanarlo al gusto de los palacios franceses. Fue esta la última reforma que sufrió el edificio.

Aclamación de Felipe V en Madrid. Dibujo realizado por Filippo Palotta (Fuente: www.urbanity.es)
Aclamación de Felipe V en Madrid. Dibujo realizado por Filippo Palotta. Se aprecia la fachada frontal del Alcázar. (Fuente: www.urbanity.es)

Nochebuena de 1734

La Nochebuena de 1734, cayó en viernes. El rey, junto con su familia se hallaba alojado en el palacio del Buen Retiro y por ello en el Alcázar no tuvieron lugar los grandes fastos acostumbrados en estas festividades. Pasadas las doce de la noche, la guardia real, al realizar su cambio de medianoche, observó unas llamaradas en el ala llamada Lienzo de la Priora, en el lado de Poniente y procedió a dar la alarma, despertando a los habitantes del palacio que dormían a esa hora. Los monjes del vecino convento de San Gil advirtieron también el incendio y procedieron a repicar las campanas para alertar a la población. Sin embargo, en un principio los madrileños no acudieron a sofocar el fuego, pensando que tocaban para llamar a la Misa del Gallo. Ante la impotencia de quienes intentaban apagar las llamas el incendio se fue extendiendo sin control de un ala a otra y de un piso a otro. El Lienzo de la Priora quedó reducido a cenizas y el fuego se extendió a la torre de Carlos V, que se derrumbó al poco, entraron las llamas al salón dorado, devorando todo a su paso.

Incendio del Real Alcázar. Fuente: www.museoimaginado.com
Incendio del Real Alcázar. Fuente: www.museoimaginado.com

Cuando finalmente los madrileños se percataron del desastre que estaba ocurriendo acudieron en masa para intentar sofocar el infierno. Sin embargo, los guardias del alcázar sólo dejaron entrar al edificio a religiosos y cortesanos ante el temor de que el caos que allí reinaba propiciara el saqueo. Se lograron rescatar varios objetos religiosos de la capilla y se lanzaron por las ventanas tantos cuadros y muebles como se pudieron, haciéndose trizas contra el suelo muchos de ellos. Durante los tres días que duró el incendio alrededor del Alcázar se iban amontonando bandejas y candelabros, baúles, pinturas y todo tipo de objetos valiosos, custodiados por los guardias del rey. El día 27 se apagaron los últimos rescoldos; sólo quedaba en pie un par de fachadas y la Torre del Príncipe. Fueron innumerables las obras de arte que perecieron bajo las llamas; de la colección de dos mil pinturas que albergaba el alcázar entre sus muros se perdieron más de quinientas.

Sobre las cenizas del Alcázar se erigió un nuevo y fastuoso edificio: el Palacio de Oriente, cuya construcción se extendería a lo largo de veintiséis años (1738-1764), siendo Carlos III el primer monarca que habitaría en él.

BIBLIOGRAFÍA

David Marchante
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