Patrimonio arqueológico urbano a conservar

¿Qué criterios han de seguirse para la preservación de los restos arqueológicos que aparecen en un ámbito urbano?

Evidentemente la última decisión la adoptan las Administraciones públicas responsables del patrimonio. Pero, eso sí, valorando los informes previos de los especialistas; en el presente caso, el de los restos aparecidos en la calle Bailén, el emitido por la dirección del equipo arqueológico responsable de su excavación y valoración. Basándose en el mismo, las Administraciones, municipales, autonómicas o estatales, según el grado competencial y de gestión que tengan asumido en relación al área del patrimonio histórico-artístico, valorarán el destino que se reserva a los elementos arqueológicos aparecidos: bien su preservación bajo tierra una vez estudiados y analizados; su exposición pública para enriquecimiento cultural y disfrute de los ciudadanos; su traslado a otro ámbito si no resta otra solución en aras a la reforma urbana que está efectuando; o bien -mejor dicho, MAL👿-, su destrucción sin remisión, si las administraciones competentes, siempre con la vista puesta en el informe arqueológico, no consideran los restos aparecidos de suficiente entidad patrimonial (histórica, artística) para su preservación, previa la modificación del proyecto urbanístico que se esté ejecutando.

Tenemos antecedentes que no nos deja traslucir excesivas esperanzas en relación a la obtención y concreción de criterios unívocos por parte de las Administraciones responsables a la hora de preservar y divulgar el patrimonio arqueológico urbano en el presente caso de nuestra ciudad, Madrid, con motivos de las obras de remodelación en marcha, que se vienen efectuando den la Plaza de España, y su entorno, y que afectan de manera relevante a las calles de Bailén y de Ferraz. Uno de ellos, aledaño geográficamente a estas calles reseñadas. Nos referimos a las excavaciones arqueológicas efectuadas entre 1993 y 1997 en un 20 % de la plaza de Oriente, y la calle de Bailén frente a la fachada oriental del Palacio Real, con motivo de los trabajos de construcción de un estacionamiento subterráneo de tres plantas, y de un túnel para el tránsito de vehículos automóviles (autobuses, camiones, motocicletas y turismos); éste último que se pretende prolongar hasta la calle de Ferraz en su esquina con la calle de Ventura Rodríguez.

Pues bien, en dicha ocasión la polémica salpicó el trabajo técnico de los arqueólogos, en forma de disputas ideológicas de las distintas facciones políticas a nivel municipal y autonómico, que enfangaron de tal manera la situación que uno de los codirectores de la excavación arqueológica, D. Manuel Retuerce, acabó dimitiendo, quedando al frente de los trabajos, la codirectora Dª Esther Andreu. Mezquindades ideológicas de los partidos políticos (egoístas en sus propios intereses y no tanto en la defensa del bien común de los ciudadanos) que resultan vacuas y carentes de sentido y significación real ante las circunstancias ineludibles de la enfermedad, la vejez y la muerte; es decir, ante el carácter efímero de la existencia terrenal del ser humano, y sin cuidarse la mayor parte de los profesionales de la ideología política de la condición eminentemente trascendental del ser humano.

Los trabajos de excavación arqueológica referidos de la plaza de Oriente y parte de la calle de Bailén, permitieron una hermosa adecuación urbana de dichos ámbitos, permitiendo su peatonalización un incremento de su monumentalización y de la calidad de vida para los madrileños y visitantes. No obstante, y aparte de restos cerámicos repartidos entre los museos madrileños (Arqueológico Regional y de los Orígenes o de San Isidro, fundamentalmente), se demolieron la mayor partes de las estructuras edilicias aparecidas, y algunas pocas se retiraron en espera de una “adecuación arquitectónica” de sus elementos que aún no se ha producido (se hablaba de su instalación en diversos parques y jardines madrileños). Tan sólo se conservó “in situ” y debidamente “musealizado” en la planta primera del estacionamiento de vehículos subterráneo, la base de una torre cuadrangular edificada en mampostería con sillares de esquina, adosada a la base de la fachada de la antigua casa del Tesoro, que se ha datado en la época musulmana taifa (años 80 del siglo XI, inminente la capitulación ante el reino de Castilla y León), y denominada genéricamente como “torre de los Huesos”, a partir de la identificación efectuada por el profesor Castellanos Oñate, uno de los más grandes medievalistas madrileños.

¿Y la memoria arqueológica de tan magna excavación? ¿detalla pormenorizadamente todos los elementos aparecidos en tan amplia y sensible históricamente área germinal de nuestra ciudad?

No podemos responder a esa cuestión, porque tras la inauguración efectuada por el Alcalde-Presidente de la Villa de Madrid, Sr. Álvarez del Manzano y López del Hierro, de las flamantes plaza de Oriente y calle de Bailén, con sus correspondientes estacionamiento y túnel, efectuada en 1997, han transcurrido 23 años sin que la referida memoria se haya publicado para instrucción y disfrute de la ciudadanías. ¡Ahí queda eso!

Y es sólo un pequeño ejemplo: ¿cuándo se publicará la memoria arqueológica efectuada con motivo de las obras de soterramiento de la M-30 en la Avenida del Manzanares, con la creación del parque Madrid Río, considerado yacimiento arqueológico y paleontológico de primerísimo nivel a escala europea y cuyos trabajos finalizaron ya hace varios lustros?

Y sin seguir arañando, ahí tenemos las eternas obras de construcción del Museo de Colecciones Reales, iniciadas con las preceptivas excavaciones arqueológicas en 1999, y cuya directora Sra. Andreu Mediero redactó una extensísima y documentada memoria arqueológica pendiente de que alguna Administración muestre algún interés en publicarla. Suma y sigue… pero aquí paro.

Sótanos del palacio de Grimaldi y de Godoy

Sótanos del palacio de Grimaldi y de Godoy.
Fotografía por Julio Real González.

Y volvemos a la calle de Bailén, que está de plena actualidad, al haber decidido el Ayuntamiento de esta Villa, conservar los sótanos aparecidos, y pertenecientes al antiguo Palacio de los Secretarios de Estado (más conocido por dos de sus ilustres inquilinos, el marqués de Grimaldi, y D. Manuel Godoy), actualmente, sede del Centro de Estudios Políticos y Constitucionales, del cual un tercio fue demolido entre 1932 y 1933 bajo el régimen de la II República (al par que las magníficas Reales Caballerizas edificadas bajo Carlos III y diseñadas por el insigne Sabatini) con el propósito oficial de ensanchar la calle y crear un jardín (actualmente existente) al norte del entonces denominado Palacio Nacional. Estos sótanos quieren dedicarse a algún fin cultural, y para su conservación ha habido que modificar parcialmente el proyecto de prolongación del túnel destinado a automóviles para su conservación y adecuada musealización.

Por desgracia, parece que el resto de estructuras arquitectónicas aparecidas, no han merecido la misma consideración por parte de las autoridades municipales y autonómicas, y algunas serán trasladadas, otras destruidas sin más, y alguna enterrada para su preservación.

Julio Real González
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