Tres visiones de la Calle de Alcalá (1818, 1831 y 1850)

Vista de Madrid con la Plaza de toros de la Puerta de Alcalá. Litografía por A. Guesdon. Ca. 1855.
Fuente: Memoria de Madrid

Tres visiones de la calle de Alcalá las que aquí publicamos. Datan todas ellas de la primera mitad del siglo XIX y ofrecen la particularidad de ser ofrecidas por tres viajeros foráneos de diferentes nacionalidades: un estadounidense, un inglés y un polaco.

1818

«En medio del asombro que esta desolación seguro despertaría en alguien que ha entrado en Londres, París y Nápoles, llegamos a la ciudad misma. Ningún suburbio la precedía; escasamente se podía ver una casa. Pasamos bajo la magnífica Puerta de Alcalá, una de las entradas más bellas que he visto nunca, y llegamos a una ancha calle magnífica y bien construida. Exceptuando a los guardias, no se veía un alma, y eso que estábamos en la calle principal de la capital de España a las once de la mañana».

«Diarios de viaje por España«. Escrito por George Ticknor

1831

«Entramos ahora en la calle de Alcalá, que, durante el efímero gobierno de Espartero, se llamaba calle del duque de la Victoria. Nous avons changé tout cela, dice Louis Philippe. Es esta una de las más bellas calles de Europa; está situada en una suave cuesta y tiene justo la curva necesaria para ser grácil. Esta gran aorta se ensancha como un río, desembocando sus aguas vivas en el hado. El perfecto efecto de esta calle queda estropeado por lo bajas que son algunas de las casas, que en esto no guardan la proporción debida a la anchura que bordean: los naturales, sin embargo, se extasían ante ella, porque es ancha y de aspecto extranjero, algo, por tanto, que no se ve en sus propias y más antiguas ciudades semimoras; pero el resol en el verano es terrible, y el marqués de Pontejos merece elogios por haber plantado las acacias.

Mientras tanto, las ráfagas heladas de las cimas nevadas del Guadarrama penetran por las calles transversales, apagando la breve vela de la vida madrileña […]

Siguiendo nuestro paseo llegamos a la Puerta de Alcalá, construida en 1778 para Carlos III por Sabatini. Es la mejor puerta de Madrid, y puramente ornamental; y es que las murallas, mero cinturón para la «Corte única», son de tierra y podían ser saltadas por un Remo relativamente activo; pero nunca se trató de utilizarlas como defensa contra otros invasores, que no fueran, todo lo más, cigarros puros de contrabando; y sin embargo, aunque podrían ser echadas abajo solo con garbanzos, este adorno arquitectónico fue mutilado por el invasor, cuyas deportivas balas de cañón fueron dirigidas especialmente contra él; Te saxa loquuntur.

A la izquierda se encuentra la plaza de toros, que fue construida en 1749, tanto para sostener los hospitales como para proveerlos de pacientes. Tiene alrededor de mil cien pies de circunferencia y capacidad para doce mil espectadores. Desde un punto de vista arquitectónico, esta plaza de la Corte modelo es más ruin que las de muchas ciudades provinciales: no se trató de hacer un anfiteatro clásico, de imitar al Coliseum de Roma; el exterior es desnudo y sencillo, como hecho así deliberadamente, mientras que el interior está dotado de bancos de madera y es, en realidad, poco mejor que un matadero, pero también es cierto que para eso fue diseñado y hay en él algo así como un ambiente de asesinato eficiente que revela al moro, que buscaba un deporte de sangre y muerte y no un alarde de habilidad o gusto artístico. Las corridas de toros, cosa puramente española, respiran españolismo desde el principio hasta el fin y rechazan incluso lo bello del extranjero como una adulteración […]

Enfrente están los jardines del Buen Retiro y su puerta de entrada, la glorieta».

«Manual para viajeros por España y lectores en casa. Vol.III: Madrid y Castilla«. Escrito por Richard Ford

1850

«Por la calle de Alcalá, en la que vivo, se va hacia la puerta del mismo nombre, que es bastante vistosa. La calle es ancha como Krakowskie Przedmieście antes de la iglesia de los Bernardinos. La calle se encuentra cortada a media altura por una alameda que, a la izquierda, lleva a la Fuente Castellana , donde también hay una puerta y algunos árboles que son regados con agua que transportan mulas. Al horizonte se ven montes rocosos y áridos. No hay hierba por ningún sitio. Este lugar sirve para paseos, para carruajes, normalmente numerosos, llevados por muchos caballos y cocheros con librea, como suele ocurrir en una capital. El rey y otras personas, parece que por razón de patriotismo, utilizan mulas. A la derecha de la calle de Alcalá se extiende la llamada alameda del Prado, donde en verano viene mucha gente a pasear. Ponen por allí asientos y hay un gran gentío. Abundan el humo del tabaco, las mantillas y los manolos junto a sombreritos franceses y margraves. En invierno, quitan aquí, incluso, las columnas de las farolas de gas y no hay ni un alma. Un paseo por aquí, ahora, sí tiene mucho encanto. Los vestidos de las mujeres son refinados, voluminosos, con tres volantes, con encajes y con escote en el pecho. Las mantillas cuelgan detrás de las cabezas. Frecuentemente, adornan el cabello con flores Las caras no son feas; están llenas de expresión, sobre todo los ojos y las cejas. La palidez se refleja, incluso, a la luz de la noche. Todo esto hace que un paseo por aquí se haga solemne y parecido a un baile. Las españolas son, realmente, esbeltas y están llenas de movimiento, un movimiento de caderas que hasta puede que sea excesivo. La voz la tienen, frecuentemente, ronca. Son enormemente coquetas, tanto que no se podría encontrar tales en la buena sociedad de ningún otro sitio».

«Recuerdos de una vida errante. Diario español (1850-1850)«. Escrito por Józef Feliks Zieliński. Citado en «Madrid a los ojos de los viajeros polacos: Un siglo de estampas literarias de la Villa y Corte (1850-1961)». Fenice textos

La calle Alcalá en la maqueta de León Gil de Palacio

Complementamos estas descripciones con la inclusión de un video. En él se sobrevuela la calle de Alcalá tal y como aparece recogida en la magnífica maqueta que el ingeniero militar León Gil de Palacio, por entonces director del Real Gabinete de Estudios Topográficos, y sus ayudantes realizaran entre 1828 y 1830. Este modelo topográfico de la ciudad de Madrid, de dimensiones 5,21 × 3,53 metros y escala 1:816, se encuentra en el Museo de Historia de Madrid.

Pablo Jesús Aguilera Concepción

Aunque mi formación académica pertenece al mundo de las ciencias me encanta la historia. La música clásica y el baloncesto son otras de mis pasiones.
Pablo Jesús Aguilera Concepción

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