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Las “cartas rusas” de Joaquín Sorolla

La Exposición Internacional de San Petersburgo

André Saglio, ministro francés de Instrucción Pública y Bellas Artes y responsable de la exposición de pintura internacional que organiza en San Petesburgo la Sociedad Imperial para el fomento de las artes en Rusia, envía – el 3 de octubre de 1900, desde París – una carta a Joaquín Sorolla en la que le propone enviar una o dos obras suyas de las que expusiera en la Exposición Universal de París. Dado que las obras de Sorolla que figuraron en dicha Exposición Universal de París fueron «Cosiendo la vela», «La caleta, Jávea», «Comiendo en la barca», «El baño o Viento de mar», «Algarrobo» y «¡Triste herencia!», ¿podemos concluir que alguna de estas habría viajado a San Petersburgo?
El 22 de octubre, Benlliure envía una carta a Sorolla en la que le indica que Saglio, al no haber recibido respuesta del pintor, le había pedido que le recordara a este que ha sido invitado a participar en la exposición de San Petersburgo que habría de celebrarse en diciembre.
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50 años del viaje del Apolo 11 (IV): Isaac Newton, un antes y un después

¿Quién ha sido el sabio más grande de todos los tiempos? Es una pregunta que probablemente no tenga una respuesta clara. Especialmente a partir de los años de la Revolución Científica y de la Ilustración, en los que deja de haber figuras singulares de grandes cerebros que abarcaban todo el conocimiento de su era y empiezan a surgir los científicos especializados en una materia, tal y como los conocemos en la actualidad.

Retrato de Isaac Newton

Cada época ha producido grandes talentos que, con los medios al alcance de cada país y de cada tiempo, han elevado el listón del progreso. Como hemos visto en las entregas anteriores, si un sabio aparece en una época en la que el contexto político y el apoyo de la sociedad favorezcan la investigación, encontrará gran parte del camino ya explanado. Si estos factores operan en contra de la ciencia, el sabio queda enterrado en el olvido, o emigra para hacer progresar a otras sociedades. Por eso es muy difícil establecer quien es el sabio mas grande de todos los tiempos. Albert Einstein o Stephen Hawking (al que por alguna extraña razón muchos españoles apellidaban “Hawkins”) sabían mucho más, cuantitativamente, de Física, que Nicolás Copérnico. Pero hay que tener en cuenta que Einstein vivió en una era en la que tenía acceso a medios técnicos mucho más evolucionados. Incluso en el transcurso de un siglo (el XX) las diferencias tecnológicas entre el mundo en el que se crió Einstein y el que vio crecer a Hawking eran tremendas. Por eso, si pensamos de manera cualitativa, el talento de Copérnico o el de Galileo no quedan empequeñecidos con el tiempo, sino que permanecen como grandes puntos de referencia. Teniendo en cuenta las limitaciones científicas y técnicas con las que contaban en sus tiempos, fueron tan imprescindibles como Einstein o como Hawking.

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Las procesiones, a medio gas

Una de las consecuencias directas de la borrasca que se ha centrado en la Penísula Ibérica durante esta semana, aparte de «aguar» estos días de ocio a buen número de españoles. ha sido, lógicamente, la suspensión o abreviación de buen número de procesiones religiosas en Madrid. Tras meses de prolongada sequía, con uno de los inviernos más secos y de temperaturas más suaves que se recuerddan en los últimos años, el programa con el anuncio de las procesiones madrileñas ha sido tan eficaz como las más devota de las rogativas y el tiempo revuelto y las llluvias nos han visitado, no sólo en en este centro de la meseta castellana, sino en los cuatro puntos cardinales limitadores de la Iberia. Nunca llueve a gusto de todos, pero es indudable que el beneficio que reportan esta sucesión de borrascas cargadas de agua, es muy superior a la tristeza y frustación que habrán experimentados los hermanos y cofrades de las distintas hermandades, así como los naturales y foráneos que nos han visitado durante estos días y pretendían disfrutar y emocionarse con nuestros cortejos procesionales, catequesis viva en estado puro.

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Oportunidad arqueólogica desaprovechada.

En el contexto general de las obras de urbanización que se vienen efectuando durante los últimos meses, destacan las que se encuentran en fase de ejecución en el Distrito Centro, y, en concreto, en el eje de las calles de la Magdalena (pendientes de inicio), Duque de Alba (prácticamente concluidas), de San Millán (apenas iniciadas), Plaza de la Cebada en su sector septentrional (recién comenzadas), Puerta de Moros (en avanzado estado de ejecución) y Carrera de San Francisco (finalizadas). Dentro del ámbito de obras de Puerta de Moros, nos ha llamado la atención la extraordinaria celeridad con la que se han efectuado los trabajos de repavimentación en la Plaza del Humilladero.
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El tenor Leonid Sobinov en Madrid

Una fotografía muy especial

Fuente: ceres.mcu.es

El Museo del Traje guarda una fotografía que constituye un auténtico tesoro a partir del cual podemos conocer un poco mejor la vida cultural madrileña de principios del siglo veinte: se trata de una foto dedicada por Leónide Sobinoff (sic) nada menos que “A su Alteza Real, la Princesa Isabel de Borbón”, esto es, a nuestra castiza “La Chata”. Efectivamente, en el reverso de dicha fotografía aparece escrita, en francés, una dedicatoria que se completa el siguiente texto: “[…] con el sentimiento de un profundo agradecimiento por la velada del 21 de febrero, 1908, Madrid.” Firmada por el propio Sobinov, la fotografía provendría del Real Palacio de Miramar (San Sebastián), adonde la habría enviado el tenor desde Moscú, a juzgar por el topónimo que se distingue en el sello.

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La Gatera de la Villa nº 34

La Gatera de la Villa nº 34, portada

La Gatera de la Villa nº 34

Numero treinta y cuatro de nuestra revista que luce de lo más primaveral en su portada con esta espléndida fotografía tomada en la Quinta de los Molinos. Cinco son los temas que anuncia, a modo de avanzadilla para ir abriendo boca, en su portada: un especial dedicado a la presencia de Bulgaria, sus gentes y su cultura en Madrid, el bicentenario del Museo del Prado -que estamos celebrando este año-, una reseña sobre el homenaje que se le ha rendido a Larra con motivo del ducentésimo décimo aniversario de su nacimiento, el intento de magnicidio sufrido por el general Narváez en 1843 frente a la iglesia de San Martín y una entrevista al escritor Pedro de Paz con motivo de la reedición de su novela El Documento Saldaña. Pero el contenido de este número no se limita a estos artículos, como descubre el lector cuando abre sus páginas y se encuentra con una serie de trabajos que van desde la moda en el Madrid del XVII a los jardines de Sabatini, pasando por el edificio Carrión o la historia de Madrid en romance.

Contenido

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50 años del viaje del Apolo 11 (III): Cambios de paradigma

A partir de la construcción de Uraniborg la curiosidad del ser humano por lo que ocurría fuera de nuestro mundo fue imparable. En cuatrocientos años se pasó de los primeros “observatorios” y estudios sistemáticos del firmamento a la puesta en órbita del satélite artificial de 1957.

Grabado antiguo que representa a Tycho Brahe trabajando en su observatorio primitivo.
Grabado que muestra a Tycho Brahe y a sus colaboradores trabajando en el observatorio de Uraniborg -literalmente, “el castillo de Urania”, musa de los astrónomos-. El edificio contaba con varias plantas subterráneas, y a pesar de carecer de telescopios con lentes, fue el primer edificio astronómico moderno en el que no solamente se inventariaban estrellas, sino que se anotaban sus posiciones y se llevaba registro por escrito de las observaciones que se iban haciendo con los años, para disponer de una estadística.

Puede resumirse la “prehistoria” de la exploración y navegación espacial, de manera breve, y en líneas muy generales, en las siguientes cinco etapas:

-Los científicos y estudiosos prenewtonianos.
-Desde la publicación de los Principios Matemáticos de Newton a los primeros vehículos para navegar por la atmósfera.
-Desde la construcción del primer globo tripulado a los estudios teóricos de Tsiolkovski.
-Desde la descripción por Tsiolkovski de los cohetes de combustible líquido al estallido de la Segunda Guerra Mundial. Aquí ya entramos en un período de aceleración de la Historia en el que el paso del tiempo se mide más por décadas que por siglos.
-Del vuelo de los cohetes militares V-2 al lanzamiento del primer satélite artificial en 1957.

La construcción del observatorio astronómico de Uraniborg, y su sucesor el de Stjoernerborg, fueron posibles en el siglo XVI gracias al acuerdo de colaboración entre un técnico, el astrónomo danés Tyge Brahe (al que conocemos más por su nombre latinizado de Tycho), y un político, el rey Federico II de Dinamarca. Por entonces, las fronteras de los países nórdicos no eran las actuales, y la isla de Hven, donde se ubicaba el observatorio, pertenece en nuestros días a Suecia y se llama Ven. Hay que destacar un hecho notabilísimo, y es que Uraniborg es anterior a la invención de los telescopios tal como los conocemos a partir de Galileo, pero aun sin disponerse de lentes que aumentaran el cielo, el uso de métodos sistemáticos (y sobre todo, continuados a lo largo del tiempo) permitió un conocimiento de los astros más preciso que el de las generaciones previas.

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50 años del viaje del Apolo 11 (II): De técnicos y de políticos.

Aunque el primer satélite artificial de 1957 y el viaje a la Luna de 1969 fueron posibles gracias a los enormes desarrollos tecnológicos de la Segunda Guerra Mundial y de la posguerra, no se puede entender su materialización sin los cambios de mentalidades producidos en el mundo occidental desde el siglo XVI al XX. En estas cuatro centurias se suceden cuatro fases de evolución del pensamiento, a saber: Renacimiento, Revolución Científica, Ilustración y Revolución Industrial. Con ellas, la Humanidad no solamente aprendió a construir máquinas prodigiosas, sino que cambió su propia manera de entender el planeta sobre el que vive y los mundos que lo rodean.

Retrato de Wernher von Braun respondiendo al teléfono.
El técnico (Wernher von Braun)…

Los grandes progresos de la historia terrestre derivan de la capacidad de entendimiento entre los técnicos y los políticos. Cuando las gentes de ciencia desarrollan ideas, pero no cuentan con gobernantes que les hagan gran caso, el progreso se estanca, y los cerebros emigran a otras tierras donde puedan ponerlas en práctica. Cuando los gobernantes comprenden la necesidad de los avances científicos y técnicos, los países avanzan, y se producen escenarios donde se benefician los técnicos, los políticos y la gran mayoría de ciudadanos. Un político es una persona que recibe enormes presiones desde muchos grupos e intereses -no siempre compatibles entre sí- y se le exige que solucione problemas a corto plazo (cuatro u ocho años en la mayoría de naciones civilizadas). Un científico trabaja a veces en proyectos que le ocupan toda su vida, e incluso hay batallas del conocimiento que tardan siglos en ser ganadas, como la lucha contra algunas enfermedades o la determinación exacta de dónde nacía el río Nilo, que fue un quebradero de cabeza para los geógrafos desde la época de los romanos hasta el siglo XIX.

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La Gatera de Villa. Índices números 1 a 20

¡Y YA VAN NUEVE AÑOS DE ANDADURA!

Cuando comenzamos este proyecto allá por 2009, el equipo de personas que formamos La Gatera de la Villa no esperábamos, ni por asomo, que fuese a prolongarse casi una década en el futuro. Y eso que ya llevábamos caminadas algunas leguas por estos caminos, pues veníamos del Foro del Viejo Madrid, uno de los espacios de Internet más veteranos sobre la historia de la Villa y Corte, al que debemos mucho de aquellos primeros pasos en el ciberespacio y que a día de hoy sigue también en activo. También buena parte de nosotros había colaborado en la elaboración de una pequeña revista, que se imprimía a tres tintas en papel y que se distribuía por algunos centros culturales, universidades y bibliotecas, para la desaparecida asociación Amigos del Foro Cultural de Madrid. Pronto vimos que se podían aprovechar las posibilidades de las nuevas tecnologías en general, y del formato PDF en particular, para proporcionar a los curiosos -madrileños o forasteros- una revista de mayores dimensiones. Casi todo el mundo disponía ya en su casa de algún ordenador u otro dispositivo donde visualizar textos e ilustraciones en color, y podía recibirlos y verlos aunque viviera a 9000 kilómetros de Madrid, sin que tuviéramos que embarcarnos en los astronómicos costes de imprimir esos contenidos en papel y de distribuirlos por vía postal. Lo que en principio arrancó como una simple propuesta de tertulia de bar fue arraigando en la mente de un grupo de amigos que finalmente nos decidimos a lanzar la primera revista digital sobre Madrid. Tras un paseo por el Retiro y varias “tormentas de ideas” en una cafetería cercana a la Plaza de Santo Domingo, el nombre elegido fue La Gatera de la Villa. Pasado todo este tiempo, la idea del salto al mundo PDF no podemos considerarla de otra manera que no sea como acertada. Aunque la Gatera ha acabado siendo un proyecto transmedia, en el que coexisten dos libros en papel -y no es cuestión de excesivo tiempo que aparezca el tercero- con estas revistas y con una página web, o con algunas apariciones en emisoras de radio, la publicación regular de la edición en PDF nos ha permitido permanecer en contacto con nuestros lectores cada pocos meses, en una época que nos ha traído desafíos y quebrantos infinitos (escasez económica, desidia hacia la cultura, crisis de los propios formatos de publicación) y en la que hemos tenido que lamentar el cierre de iniciativas tan loables como la revista Ilustración de Madrid. Pero también una época en la que no hemos dejado de tener esperanzas de futuro. Por ello acompañamos el número regular de invierno de nuestra revista con este Índice, que cubre de los números 1 al 20 -y que esperamos vaya creciendo con el tiempo- para facilitar al público la navegación por nuestros artículos más antiguos, pensando especialmente en los lectores que nos han ido conociendo en las épocas más recientes.
Atentamente:
El equipo de Redacción.

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50 años del viaje del Apolo 11 (I)

Cuerpo estelar Ultima Thule tal como fue fotografiado por la nave no tripulada New Horizons a comienzos de 2019. El sobrevuelo hizo posible comprobar que en realidad, lo que visto desde lejos parecía una especie de cacahuete alargado, no eran sino dos microplanetas que chocaron y se soldaron por los polos. Procedencia: NASA/Johns Hopkins University Applied Physics Laboratory/Southwest Research Institute.
Cuerpo estelar Ultima Thule tal como fue fotografiado por la nave no tripulada New Horizons a comienzos de 2019. El sobrevuelo hizo posible comprobar que en realidad, lo que visto desde lejos parecía una especie de cacahuete alargado, no eran sino dos microplanetas que chocaron y se soldaron por los polos. Procedencia: NASA/Johns Hopkins University Applied Physics Laboratory/Southwest Research Institute.

Este año 2019 ha tenido un comienzo muy prometedor para la exploración del espacio. Las campanadas de Nochevieja casi coincidieron con el sobrevuelo por una sonda de la NASA del asteroide Ultima Thule, allá en el Cinturón de Kuiper, que resultaron ser dos cuerpos celestes fusionados por sus polos tras colisionar en lo más profundo de la noche de los tiempos. El 3 de enero otra sonda, la Chang’e 4, de nacionalidad china, se posaba en la cara oculta -que no oscura- de la Luna. Buena manera de entrar en el año en el que se cumplirá medio siglo de la hazaña del Apolo 11, en la que Madrid y su provincia tuvieron más participación de lo que muchos creen.

Hace medio siglo la civilización industrial logró alcanzar la cumbre más alta (hasta la fecha) de la especie humana con la llegada de dos de sus integrantes, Armstrong y Aldrin, a la superficie de nuestro satélite natural. Un tercero, Collins, a menudo ignorado por los manuales de Historia al uso, se quedó orbitando alrededor en el módulo de mando. Fue una hazaña de tal calibre que ha dejado empequeñecidos otros muchos logros no baladíes, como las distancias -mucho más largas- que han ido cubriendo las sondas no tripuladas, o el elevado número de personas que se han ido enviando a la órbita terrestre en las últimas décadas a lo largo de los programas de la Lanzadera Espacial, la estación Mir o la actual estación ISS, con los que decenas de hombres y mujeres de ciencia han podido disponer de verdaderos laboratorios y puestos de observación allá en lo alto, con posibilidades y oportunidades impensables aquí abajo.

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